martes, 13 de octubre de 2015

La bicicleta como medio de transporte alternativo

Sobre dos ruedas se puede llegar muy lejos. La bicicleta es un invento que lleva desde el Antiguo Egipto, cuando se fabricaron los primeros artefactos rudimentarios compuestos por dos ruedas unidas con una barra, demostrando que podemos movernos en nuestro entorno cercano (y no tan cercano) de una manera económica y ecológica.

Aunque se conocen datos de que fue en el Antiguo Egipto cuando se inventó por primera vez algo parecido a una bicicleta, ésta no surge como tal, con la finalidad de ser un medio de transporte alternativo, hasta el año 1839, en el que el escocés Kirkpatrick Macmillan construyó la primera bicicleta con pedales.


La bicicleta hasta hace relativamente poco, siempre ha estado a la sombra de otros grandes medios de transporte, como el automóvil, los autobuses o los aviones. Una de las razones, entre otras, de que esto haya sido así, ha sido la famosa expresión de que “el tiempo es  oro”. El coche u otros medios de transporte motorizados ganan por goleada a la bicicleta en lo que a rapidez se refiere, esa rapidez que debido a nuestra forma de vida necesitamos para realizar nuestras actividades diarias (las prisas del trabajo, de ir a buscar a l@s niñ@s a la escuela, ir a comprar…).  Estamos acostumbrad@s a vivir con ese frenesí que poco tiene que compartir con la bicicleta, que invita a ver la vida de una forma más sencilla y menos apresurada.

Sin embargo, últimamente la bicicleta ha empezado a coger fuerza, y a ir haciéndose su hueco entre estas grandes máquinas de la movilidad. Tanto es así, que por ejemplo en España, en el 2013 se llegaron a vender más bicicletas (780.000) que coches (700.000).


Este cambio de actitud y de forma de ver la vida, y de transitar por ella, se debe en gran medida por la crisis económica que hemos vivido durante estos años. La bicicleta es más económica que el coche (tanto en su compra como en su mantenimiento, por ejemplo, al no depender de la gasolina para poder moverse). Independientemente de donde haya venido este cambio de actitud, lo remarcable es que este cambio no solo afecta positivamente a nuestros bolsillos, sino también a nuestra salud y nuestro entorno.




En cuanto a salud se refiere, la bicicleta al ser un vehículo que funciona con propulsión humana, en el momento en el que la cogemos estamos realizando una serie de movimientos que tienen como consecuencia unos beneficios para nuestro cuerpo, como pueden ser:

-Músculos: Durante el pedaleo están implicados los músculos de las piernas; en el equilibrio abdomen, lumbares y espalda; y al sostener el manillar, hombros y brazos. Estos trenes musculares son ejercitados con la actividad ciclista.

-Oxigenación: La respiración es a menudo afectada por la adiposidad y la falta de ejercicio. Entre otras cosas, la actividad física regular y moderada fortalece los músculos respiratorios, lo que conduce a una mejor ventilación de los pulmones y por lo tanto tiene un efecto positivo en el intercambio de oxígeno.

-Obesidad: El ciclismo es ideal para enfrentar los problemas de obesidad pues un 70 % del peso del cuerpo recae sobre el sillín, permitiendo así a las personas que de otra manera no podrían moverse fácilmente, hacer ejercicio para mejorar su forma física y estimular el metabolismo de las grasas. A su vez, el uso de la bicicleta contribuye a la reducción de peso por la quema de energía.

-Estrés: El ciclismo tiene un efecto relajante considerable debido a su movimiento uniforme, cíclico que estabiliza las funciones físicas y emocionales del cuerpo. Esto contrarresta la ansiedad, la depresión y otros problemas psicológicos. El ejercicio también controla el equilibrio hormonal.

En lo que refiere a nuestro entorno, la bicicleta es una forma de reducir los niveles de contaminación que con el coche se ven potenciados, como por ejemplo:

-Por cada kilómetro que recorres en bicicleta en lugar de usar un coche, evitas la emisión de aproximadamente 300 gramos de CO2. Además, hay otros gases que son nocivos, como el monóxido de carbono o algunos hidrocarburos, que también son graves contaminantes de la atmósfera. Usando la bici, también ayudamos a reducir dichas emisiones.

-No solo ayuda a reducir la contaminación atmosférica, sino que también ayuda a reducir otros tipos de contaminación, como la acústica. Ruidos de motores y cláxones, que muchas veces han sido considerados como nocivos para nuestra salud dependiendo del espacio donde nos encontremos, se eliminan con el uso de la bici.

Un añadido a todas estas ventajas es la idea de que circulando con la bicicleta, inevitablemente nos hacemos más conscientes del entorno en el que nos encontramos: cuando circulamos en bici, no contamos con ese “caparazón” de hierro que tienen los coches que, en cierto modo, ayuda a protegernos si tenemos algún accidente. Por ello, tenemos que estar más atent@s de lo que ocurre a nuestro alrededor, y por lo tanto, aprendemos a observar más, y a conocer más lo que nos rodea.




Todo esto demuestra que la bicicleta es una alternativa real y eficaz a los grandes medios de transporte, y parece ser que esta idea ha calado en las últimas generaciones, ya que el uso de la bicicleta por parte de los jóvenes se ha visto incrementado de un tiempo a esta parte.

Este cambio de mentalidad por parte de la población ha hecho que las administraciones también se unan a este cambio, realizando por ejemplo adaptaciones en las grandes ciudades para que éstas sean transitables con la bici (por ejemplo, en Madrid ya discurren 140 km de carriles bici y se ha creado un alquiler de bicicletas eléctricas para que las personas que viven en la capital puedan ir de una zona a otra de la ciudad en este medio de transporte).

Aunque aún queda mucho por trabajar en el tema del uso de la bici en nuestra vida diaria (por ejemplo, el hacer carriles bicis realmente transitables y el respetar el sitio que le corresponde a la bici en la calzada, sin que los coches lo invadan…) todos estos datos anteriores indican que afortunadamente nuestra mentalidad está cambiando respecto a la forma de vivir la vida, y de cuidar tanto nuestra salud como lo que nos rodea. Hacer una buena combinación de ambos medios de transporte (la bicicleta y el coche), que sea ecológica y económica, nos ayuda a dejar a un lado el estrés y los agobios a los que estamos acostumbrados, para dar paso a la tranquilidad y a esta nueva forma de disfrutar de la vida, de una manera respetuosa con nosotr@s mism@s y con lo que nos rodea. ¡A pedalear!

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